El cirujano no debe imponer sus criterios estéticos. Es habitual ver en consulta pacientes con deformidades en el dorso, las narinas… que no quieren cambiar en absoluto esas deformidades. El cirujano debe ser flexible y aceptar las sugerencias.

También el paciente debe estar abierto a las sugerencias y consejos del cirujano, ya que el cambio de una zona de la nariz puede afectar a otras, que deberán ser abordadas para armonizar las nuevas proporciones de la nariz.

El cirujano nasal actual no puede asumir que sus preferencias estéticas darán como resultado invariable un paciente satisfecho. En lugar de eso, debe encargarse de satisfacer los deseos específicos de cada paciente.

Nuestro objetivo, por tanto, es conseguir una adecuada al resto de las facciones de la cara, atendiendo a las preferencias del paciente pero aconsejando cambios que produzcan ese resultado.

 

Como decía Aufricht, uno de los pioneros de la rinoplastia moderna “la rinoplastia no es un procedimiento difícil, lo difícil es obtener buenos resultados”. Para conseguir estos buenos resultados es necesario estudiar cada caso individualmente.

Dr. Gustave Aufricht (1894-1980),
eminente cirujano nasal

 

Si usted está considerando la posibilidad de hacerse una rinoplastia, nosotros atenderemos sus sugerencias acerca de cuales son los problemas que más le preocupan y cómo le gustaría que estas deformidades fuesen resueltas. Nosotros le daremos nuestro punto de vista sobre su nariz y le haremos alguna sugerencia sobre detalles que, probablemente, usted no haya detectado o simplemente crea que no son importantes.

Durante la consulta médica se estable una cercana relación médico-paciente que favorece los resultados finales.

Es esencial, para nosotros, que se establezca una relación médico-paciente adecuada, ya que esta relación de “ida y vuelta” es primordial para la obtención de un buen resultado.

Haremos cuantas visitas sean necesarias previas a la cirugía, con el fin de establecer este alto grado de comunicación entre ambos. Un paciente con suficiente información, consciente de las deformidades que queremos resolver y unas expectativas realistas es un candidato a conseguir un excelente resultado.

El fin de la cirugía es la mejora en su apariencia. La perfección prácticamente es inalcanzable. Todos los esfuerzos van encaminados a crear un resultado casi-perfecto, pero la expectativa de conseguir la total-perfección es irreal y generalmente refleja una personalidad inmadura.

El cirujano es un médico, una persona, no un mago. El grado del éxito depende ciertamente no solo de su capacidad, habilidad y experiencia, si no igualmente de las características de la nariz, de la edad, de la textura de la piel, de las estructuras óseas, de la anatomía particular de cada uno y, cómo no, del grado de salud general del individuo.